Hay veces que dices que sí y no sabes bien si lo elegiste.
Hoy quiero contarte cómo se nota la diferencia.
Hay una frase que me dije mucho por una época, y que todavía uso.
Dije que sí, pero me estaba eligiendo a mí.
Te cuento de dónde salió.
Hace un año dije que sí a algo grande. Una decisión de esas que cambian la forma de los días.
Y por fuera se veía simple: alguien pregunta, una responde.
Por dentro no era simple en absoluto.
Yo tenía miedo. Tenía inseguridades. Tenía patrones avisándome, con bastante volumen, que quizá estaba a punto de repetir algo que ya me había salido mal.
Dije que sí igual.
Y no lo dije para complacer a nadie. Lo dije porque decir que no habría sido quedarme donde ya sabía moverme. Donde ya conocía el terreno, los riesgos, la salida.
Ese sí no era sobre la otra persona.
Era sobre mí.
Sobre si estaba dispuesta a volver a ponerme en un lugar donde no tenía el control de cómo iba a terminar.
En psicología se estudia como autodeterminación,
una teoría desarrollada por Edward Deci y Richard Ryan: no es lo mismo hacer algo porque se espera de ti que hacerlo porque lo elegiste. El acto puede verse idéntico desde afuera. Pero lo que sostiene a la persona después es completamente distinto, y por eso una decisión tomada desde afuera se cae y la misma decisión tomada desde adentro se sostiene.
No cambia lo que haces. Cambia si aguanta.
En la vida cotidiana, esto se ve más simple.
Dos personas aceptan el mismo trabajo. Una lo eligió, la otra no sabía cómo decir que no. A los seis meses no están en el mismo lugar.
Dos personas se quedan en la misma relación. Una está ahí porque quiere. La otra por no enfrentar lo que viene después de irse.
Dos personas empiezan el mismo proceso. Una porque le tocaba. La otra porque llegó su momento.
Se ven iguales por fuera. No lo son.
Por eso me detengo tanto en esa pregunta antes de decidir algo: ¿esto lo estoy eligiendo, o lo estoy aceptando?
Y no es una pregunta cómoda, porque muchas veces la respuesta es la segunda.
También quiero decirte esto, porque es honesto: elegir no lo hace fácil.
Lo que elegí hace un año me puso de frente todos mis miedos y todas mis inseguridades, uno por uno, sin avisar. No desaparecieron porque yo hubiera dicho que sí.
Pero había una diferencia enorme. Los estaba atravesando en un camino que era mío.
Y esas reglas son las mismas en todas partes. En una familia. Con las amigas. En lo profesional. En un trabajo.
Siempre es lo mismo: elegir algo nuevo mientras algo viejo te dice que ya viste esta película.
La pregunta no es si vas a tener miedo. Lo vas a tener.
La pregunta es a quién le estás diciendo que sí.
Mi nombre es Saskia Fulco.
Y este espacio es para eso: para que cada sí que des sea tuyo, y no una forma amable de no decidir.
Sin presión. A tu ritmo.
Si quieres seguir desde aquí, escribí un libro digital para eso Empieza por Yo Soy, una práctica para reconocer desde dónde estás eligiendo. Lo puedes descargar en la sección de ebooks.
Y si al leer esto reconociste una respuesta tuya que nunca llegaste a preguntar, la solicitud de consultoría está abierta. La dejo aquí para ti.
Y si al leer esto reconociste un sí que diste sin elegirlo, la solicitud de consultoría está abierta. La dejo aquí para ti.
Por hoy, solo una pregunta:
¿Cuál es el sí que te estás diciendo a ti?

